sábado, 30 de mayo de 2015

Fugacidad

Fugazmente frenas la bicicleta saltas por los aíres caes sobre el codo y te lo has roto. No ha habido discontinuidad ni, por tanto, tiempo de darte cuenta. La cuenta cae después, en horas de hospital, en semanas de escayola, en meses de recuperación.
"Fugacidad"* era el tema que nos había llevado a Dinamarca. Otra fugacidad (otra?), en este caso la exposición que, con tal título, nos invitaba a realizar un par de obras que reflexionasen sobre cómo -según texto que los organizadores nos habían enviado- Construimos nuestras vidas en un esquema cuidadosamente planificado donde la reflexión, la relajación  y la experiencia de la naturaleza se sustituyen por una lección de meditación o una carrera a gran velocidad para acomodarse al ideal de un cuerpo perfecto. Lo fugitivo se ha convertido en sinónimo de algo superficial y transitorio.
Garabato
Nada significo. No se de dónde vengo ni a dónde voy. Me quedo en tus ojos a fuerza de fugarme de ellos.
Redactábamos esas líneas como nota al título de las dos estructuras que, Joan Farré y el que escribe, realizamos conjuntamente trabajando…, no, disfrutando, en los dos parques que la organización había conseguido para esta experiencia: Reventlow y Liselund.
El garabato de Reventlow se escribía en el aire, sin nunca tocar tierra. Lo construimos a base de atar en churro montones de ramitas de los árboles del propio parque. Una vez realizado, lo izamos al aire con la pretensión de que se quedara suspendido en él, pero parece ser que hay una ley llamada “gravedad” que nos obligó a montar toda una estructura de largos palos de avellano para sujetar el trazo sobre ellos y conseguir así burlar, aunque fuese un tanto toscamente, a la imperiosa norma.




Diferentes garabatos fueron los de Liselund. Paseando por el parque el día de la llegada, se quedó prendado en nuestros ojos (a fuerza de fugarse?) el oscuro bosquecillo de viejas hayas que nos topamos en el recodo de un camino y decidimos, con su permiso, garabatear en él.
Recogimos montones de ramas secas de la zona y con ellas fuimos realizando diferentes garabatos. El misterioso ambiente del hayedo invitaba a abandonar la idea de dar un sentido a las composiciones, así que dejamos que fueran las propias formas de los palos quienes fuesen dibujándolas. Una vez acabadas, fuimos albergándolas entre las hayas a base de atarlas a sus troncos sin otra intención que la de que fuesen algo visibles. No demasiado, sólo lo suficiente como para que resaltaran la inquietante atmósfera del lugar.




Se supone que fue entonces, al acabar de garabatear y paseando por una tranquila carreterita del lugar, cuando sucedió lo de la bici. Pero eso es mucho suponer, ya se sabe que lo fugaz no queda registrado en los calendarios.

*Este proyecto se inauguró el día 15 de mayo en el parque de Liselund y el 16 en el de Reventlow y se podrá visitar hasta el 15 de setiembre. La organización e iniciativa corrieron a cargo de Jette Mellgren y Jan Johansen. Si quieres ver algunas de las obras pincha aquí

10 comentarios:

casilda garcía archilla dijo...

Qué preciosas las obras, Carlos. Pues, sí, existe la ley de la gravedad, muy divertida por otra parte, pero la obra quedó muy bien con los palos. Que te mejores cuanto antes. Un abrazo

Carlos Fontales dijo...

Muchas gracias, Casilda, me alegro de que te gusten esos garabatos.
Ya, la famosa ley es divertida algunas veces. Otras, no tanto, por ejemplo cuando juega a golpearte contra el suelo y romperte un hueso. Pero enfin, no se lo tendremos muy en cuenta, la pobre tambien es esclava de tener que ser de ese modo. Un abrazo

Lois Walpole dijo...

Muy bonito trabajo y precioso tobogan para ardillas!

Carlos Fontales dijo...

Gracias, Lois. Espero que ninguna ardilla se rompa una patita en nuestro tobogán!

Lois Walpole dijo...

Espero lo mismo, pero las ardillas son menos intelligente y artistico y muy deportivo que ti! Tobogan no problema! Bici tambien! Abrazos muy fuerte y besos curado!

Carlos Fontales dijo...

Un abrazo, y besos de manco.

Anónimo dijo...

Que te cures pronto. El hueso también es esclavo de soldarse, mincho

Carlos Fontales dijo...

Ya está casi curado. Una sorpresa saber de ti, Mincho. Me alegro mucho y espero que estés bien. Un abrazo

Anónimo dijo...

Hola Carlos, te escribí por el móvil y luego me fue difícil reencontrar esta entrada por eso tardé
. pues me estoy recuperando en un albergue del camino de S. Pinche y llevo una semana aqui
Precisamente me acordé de Ti(aunque es difícil olvidarse de alguien que pesa en mi evolución) porque la alberguera tiene el mismo timbre de voz y acento que Tu y además estuvo recibiendo clases de cestería. Bueno, chao,mincho

Carlos Fontales dijo...

Vaya, espero que esa recuperación no sea de nada malo. Y también no pesarte demasiado, en ningún sentido. A ver si va a resultar que soy un clon de la alberguera!
Oye,si lo prefieres, puedes escribirme a través de mi correo : carlosfontales@gmail.com
Saludos