miércoles, 15 de noviembre de 2017

Curso para el mes de diciembre

TÉCNICAS CESTERAS EN ESPIRAL


Entre el 25 y el 29 del pasado setiembre impartí un curso en L'ENSCI (Ecole National Superieure de Creátion Industrielle) de Paris sobre técnicas de cestería empleando materiales no habituales en este oficio. No se trataba tanto de realizar piezas completas como de hacer muestras sobre las diferentes técnicas que estudiamos. El curso fue muy interesante y he pensado organizar algo semejante en Caballar para esta ocasión aunque, al contar sólo con dos días, la intención es dedicarlo únicamente a las técnicas espirales, o al menos a algunas de ellas. 
Estas técnicas son probablemente de las más primitivas en cestería: se encuentran por todo el mundo y, aunque con el nexo común de la espiral, tienen un sinfín de variedades. En la Península la modalidad más extendida es la empleada en los escriños castellanos o en los cestos de colmo gallegos, por ejemplo. Un haz de paja cosido con tireta de mimbre o corteza de zarza eran los materiales empleados en ambos casos. 
En este curso habrá dos opciones: 
- Utilizar materiales tradicionales como los que he mencionado u otros (esparto, junco, juncia, etc.).
- Emplear materiales alternativos como cordones sintéticos, algodón, reciclados, etc. Materiales que animo a los estudiantes a que los traigan ellos mismos, escogiendo así colores, texturas, etc., que les gusten o interesen (en las fotos de abajo podéis ver algunos ejemplos). En cualquier caso, consultarme cualquier duda sobre esto.





Lugar: Caballar (Segovia).
Fechas: 16 y 17 de diciembre.
Horario: De 10 a 14 y de 16 a 19
Plazas: 7 
Programa:  Distintas técnicas espirales.
Precio:175 €. (El precio incluye materiales, comidas, desayuno y cena. Alojamiento en mi casa hasta cinco alumnos entre quienes lo precisen).
Condiciones de pago: Venticinco por ciento del importe al inscribirse al curso y el resto el día de inicio.
Más información e inscripciones: carlosfontales@gmail.com Tfnos: 921500796 / 617745508.
Descuento del 20 % para los que hayan realizado algún curso en Caballar en los últimos 12 meses.

domingo, 12 de noviembre de 2017

El curso de cofas que fue

Teníamos unas fotografías y una convocatoria: Curso de cofas.
Llegó un crepúsculo y aparecieron las alumnas. 
Tenemos más fotografías y más cofas. También unas risas, un puré de calabaza excelente, un vecino que nos regala setas y conversaciones medio serias al compás del anudado de las cestas. 

Ajena a nosotros una hoja verdiamarilla traza delicadas espirales en su caída del nogal del patio. Qué mundo tan extraño.
Y tu, padre, ¿dónde estás?

lunes, 23 de octubre de 2017

Curso para noviembre

CESTO O COFA EN TÉCNICA DE NASA

Lugar: Caballar (Segovia)
Fechas: 11 y 12 de noviembre.
Horario: De 10 a 14 y de 16 a 20
Plazas: 6
Programa:  En esta ocasión volveremos a detenernos en al técnica de nasa mediterránea para realizar un cesto o una cofa (a elegir por cada alumno).
Precio:175 €. (El precio incluye materiales, comidas, desayuno y cena. Alojamiento en mi casa para quien lo precise)
Condiciones de pago: Venticinco por ciento del importe al inscribirse al curso y el resto el día de inicio.
Más información e inscripciones: carlosfontales@gmail.com Tfnos: 921500796 / 617745508
Descuento del 20 % para los que hayan realizado algún curso en Caballar en los últimos 12 meses.
Cesto
Cofas

martes, 17 de octubre de 2017

Titiriteando

Ya me lo dijo en una ocasión mi amigo Dani: Pareces un titiritero. Sólo te falta la cabra. 
Acababa de contarle los últimos viajes donde me había llevado la cestería y fue muy atinado por su parte resumir todo aquel ajetreo con esa imagen.
El caso es que en las últimas semanas me ha tocado continuar titiriteando por algunas de las 'plazas' españolas y del resto de Europa donde, cesterilmente hablando, se celebran juntanzas de diverso tipo. Así que, por si informarse de ellas tuviera algún interés para alguien, paso a dar noticia de aquellas a las que me han invitado y 'los espectáculos' realizados (sin cabra, de momento).

Lichtenfels. Del 10 al 17 de setiembre.
En Lichtenfels se encuentra la Escuela Nacional de Cestería de Alemania que, además de los cursos anuales organiza, junto con el ayuntamiento creo (nunca logro retener estas cosas), una feria anual que lleva ya un montón de ediciones. En esta ocasión nos invitaron a Joan Farré y al que escribe para que realizáramos una instalación en mimbre, la misma o parecida a la que seis años atrás habíamos hecho en Odense (Dinamarca). 'Castillos en el aire', la titulamos en aquella ocasión así que a esta otra, por lógica de andar por casa, la llamamos 'Castillos en el aire-2' y, ¡sorpresa!, decidieron iluminarla por la noche.
La experiencia, organización, etc., fue, como en otras ocasiones que me habían invitado allí, muy buena; el tiempo, no tanto: frío, lluvia, viento..., menos mal que el fin de semana, que es cuando se celebra el mercado, el sol lució, algo favorable para los que acudieron a vender. Probablemente esta sea la feria anual cestera más grande de Europa, llegando a ella además de alemanes, profesionales venidos de otros países del entorno, especialmente del este, Francia, Holanda,...
Muy cerca de Lichtenfels se encuentra Michelau, y allí un museo de cestería muy interesante. Cantidad de piezas traídas de todo el mundo y mucha información sobre lo que fue la importante producción del lugar hasta hace unas decenas de años: cestería fina elaborada con tireta de mimbre.

Ibi (Alicante). Exposición y Jornadas del Esparto. 22 y 23 de setiembre.
Las organiza el Museo de la Biodiversidad de esta población que, desde hace unos años, viene desarrollando una labor de recuperación de los saberes esparteros de su área muy interesante. Un poco al calor del magnífico 'corro' cestero de la Universidad Popular de Albacete aquí, Sandra y sus compañeros,  han ido animando a gente mayor del pueblo a que reúnan otro que, a semejanza de aquél, sirva para juntar a los que saben y, además de compartir conocimientos, transmitirlos a cualquiera que se incorpore al círculo.
Las Jornadas fueron muy interesantes, tanto por las piezas de esparto que se mostraron en la exposición como por los cesteros que acudieron al mercadillo. Muy buena, también, la demostración sobre el proceso de cordelería de cáñamo que hicieron desde el museo de Callosa del Segura.
Además de esto, la organización celebró una mesa redonda a la que fui invitado. Allí, unos cuantos tuvimos la oportunidad de debatir  un rato sobre lo que se denominó "El papel de las fibras vegetales en la conservación del patrimonio natural y cultural".

ENSCI (École Nationale Supérieure de Création Industrielle) de Paris. Curso sobre técnicas de cestería. Del 25 al 29 de setiembre.
Desde hace unos años mi buena amiga Lois Walpole ha venido impartiendo un curso bianual en esta escuela. En esta ocasión no podía acudir y amablemente me pidió si la remplazaba. 
Una de las especialidades de L´ENSCI es el tejido y fue a los estudiantes de este área a quien se dirigió el taller.
Durante una semana y utilizando tanto fibras de las que disponen en la escuela (no las habituales en cestería) como otras que los alumnos iban trayendo, hicimos un recorrido por las técnicas cesteras más importantes. No se trataba tanto de realizar piezas como de hacer muestras de manera que se consiguiera un acercamiento a este otro mundo del tejido tan hermanado con el de los telares que allí estudian. Muchas estudiantas (sólo un chico entre un grupo de 22) con edades que rondaban los ventipocos años y mucha sorpresa la que les causó esta incursión. 
Entrar en contacto desprevenidamente con artes tradicionales como la cestería suele despertar entrañables y confusos sentimientos que parece dormitaran en los hondones de cualquiera. Que se acuda habitualmente a asociar esta actividad con penurias no es otra cosa que saber y hacer notar la triste realidad en que normalmente se ha tenido que desarrollar. Pero que la historia venga siendo una desgracia no quiere decir que la actividad lo sea. Se diría que, por debajo de cualquier circunstancia e incluso de nuestra conciencia, la cestería ha ido dejando un poso de ¿enamoramiento? en el común de la gente y que éste se remueve con más facilidad en los que se encuentran con ella desembarazados de la realidad que la ha acompañado.

Jardín Botánico de Córdoba. Exposición "Más que cestos. Cestería popular española". Del 4 al 24 de octubre.
Una nueva ocasión de mostrar mi exposición, "Más que cestos. Cestería popular española", esta vez en Córdoba y gracias al empeño y tesón de MariMar Gutierrez. Tanto la sala como el propio lugar, Jardín Botánico, son una maravilla y pienso que muy apropiados para el tema de la expo. Interesantísimo, por otro lado, el estudio que MariMar está haciendo sobre la cestería andaluza y que, confío, pronto pueda terminar y publicar.

Salt (Gerona). XX Fira del Cistell. 6, 7 y 8 de octubre.
Esto de las celebraciones de años (20, 200, 2000...) revela siempre una contradicción. Por un lado el tiempo contado (días, meses, etc.), es decir, algo que parece se pudiera encerrar en números, y por otro la evidencia de que no es así: lo que pasa, pasa continuamente y no se puede retener. Y entre tanto te lo tienes que creer (que ha pasado ese tiempo y se ha contado), o sea que han pasado 20 años y al mismo tiempo tu eres el que era entonces.
Corriendo un tupido velo sobre tales imposibilidades (necesario siempre para que no se evidencie la falsedad del mundo en que vivimos), este año se celebraba el veinte aniversario de la Fira del Cistell, un encuentro cestero que siempre recomiendo a la gente interesada en cestería y que agradezco a los organizadores que en cada edición me inviten a pesar de que no pueda participar con producción de cestos.
Por su proximidad con la frontera francesa, además de cesteros de toda la Península acuden a Salt bastantes otros del resto de Europa logrando así que la variedad de materiales, técnicas, objetos sea muy interesante.
Es importante también resaltar que esta feria, más allá de lo que reporte económicamente a los artesanos, convoca a muchos por el hecho de compartir unos días con compañeros de oficio, conocer cosas nuevas, intercambiar conocimientos, noticias, establecer contactos,... En fin, cosas que van más allá del pecunio.
El grupo de los asistentes a la Fira de este año (Foto de Carme Sitjá)

Hervás (Cáceres). Jornadas Paisaje Cultural Valle de Ambroz. 10 y 11 de octubre.
El Valle de Ambroz (norte de Cáceres) fue, hasta hace unas décadas, un lugar de enorme producción cestera. El grueso de la fabricación se centraba en los cestos de castaño laminado. Como en casi todas partes, a partir de los años setenta aquello decayó y en la actualidad sólo quedan dos cesteros en activo: Longinos, en Hervás, y el amigo Dani, en Baños de Montemayor.
El primero continúa con lo que fue tradicional en su pueblo: la cestería 'basta', que llaman por allí, dedicada a las labores del campo. El segundo, por su parte, es el último que mantiene viva la que fue especialidad de su pueblo, la cestería fina de tiras de castaño. Dedicada a funciones domesticas especialmente, se caracteriza por la profusión de pirograbados que decoran sus piezas.
Estas Jornadas no iban dedicadas unicamente a la cestería pero supongo que tampoco podía dejarse de lado una actividad que había sido tan importante en el Valle, configurando su paisaje, por un lado, con los bosques de castaño que lo rodean y, por otro, con la propia actividad de los cesteros en sus pueblos.
Se me invitó para que diera noticia de 'nuevos derroteros' por donde actualmente transita la cestería y expusiera alguna de las cosas que, de manera personal o acompañado, vamos haciendo e inciden tanto en espacios exteriores, públicos o privados, como en recintos cerrados. Sobra decir que estas charlas no atraen ríos de gentes (para eso están otras cosas) pero siempre es de agradecer que haya quien se preocupe (gracias, Greta) de incluir las artes tradicionales en este tipo de encuentros: una oportunidad para mostrar que ni están muertas, ni sabidas, si es que ambas cosas no son la misma.

Estando tan cerca de Baños, y para hacer bueno el título que Dani me había otorgado, allá que me fui a visitarlo cuando acabé en Hervás.
- Por dónde has andao, titiritero- Me suelta tras los saludos.
- Pues ahora vengo de Hervás, pero antes he estao por...- Le cuento.
- Buenooo. Estás como una cabra. 

miércoles, 30 de agosto de 2017

Cofas

Te subes al tren. Bueno, al tranvía que va del pueblo al puerto. Por el camino: cañas, casas de huerta, naranjos, limoneros, buganvillas; en una finquita, unos caballos ajenos a nuestro paso invaden el vagón con su penetrante olor a salvajía. El aroma acude y se desvanece como lo hace una nube, un recuerdo, una vida.
Continúa el traqueteo bordeando ahora la playita que hay antes de llegar al puerto. Allí has quedado con G., un hombre que aún hace nasas, cofas y otras artes cesteras para pescadores. En la arena, gente, balones, sombrillas, trajes de baño, bikinis y hasta algún que otro burkini (se dice así?). Se escandalizan mutuamente las que cubren todo su cuerpo con los que sólo tapan sus partecitas de la misma manera que podría hacerlo con ellos uno que pasase por allí en pelotas. Y, claro, aquéllos con él. Cada uno esconde lo que le han ordenado al toque de la corneta moral de su tierra y concluye que lo suyo está justificado: lo sangrante es que pueden llegar a masacrarse hasta por pejigueras como ésas... o a machacarnos la cabeza de cada día con toda plasta de noticias, radioteletertulias y opiniones sobre la cosa.
G. dormita en la terraza del bar al son de la conversación de los otros viejos pescadores: un corro que pasa desapercibido entre la avalancha de turistas que atiborran la isla en estos meses de verano.
- Aquí paso todas las mañanas.
- ¿No te gusta el pueblo?
- No. A mi me gustan la montaña y el mar, el pueblo no.
De camino hacia su coche le doy un zarzo que le he hecho en agradecimiento a las cofas que, unos días antes, el a su vez me regalaba.
- Esto lo hacían en Asturias, para secar quesos.
- Es de olivo, como los gambines y nasas que hacemos por aquí.
- Sí, claro, es lo que hay por estas tierras. Allí los hacían con avellano. ¿Solo utilizáis olivo?
- En este pueblo sí. Por otros lados los hacen con cañas y juncos. Se te ha roto un poco esta punta. Cuando vayas a trabajar moja las varas un par de días y luego déjalas secar un rato, así no te partirán.
- Pero estaban recién cortadas.
- Es igual. Y pódalas en luna nueva.
- O sea, cuando no hay, ¿no?
- Eso. La luna siempre es mentirosa, cuando está llena, es vieja, y cuando no está es nueva.
El coche parece un almacén: nasas, cestas de palangre, cofas,... pequeñas reproduciones, en su mayoría, de piezas tradicionales que ahora sirven como lámparas o fruteros.
- Yo he sido camionero toda la vida y a veces bajaba al pueblo a un pescador muy mayor. Una vez me pasó una cofa de estas que él hacía y con el tiempo me dio por intentar hacer una igual. Me jubilé temprano por enfermedad y desde entonces no he parado de hacerlas, todos los días estoy con ello.
- Pues yo llevo muchos años viniendo por este puerto y nunca había tenido noticia de usted, pensé que ya no quedaba nadie que continuara con esto.
- Soy ya el único por aquí.
- ¿Es usted zurdo? Veo que siempre cose de izquierda a derecha mientras que los otros pescadores diestros a los que he visto hacer esta técnica lo hacen al revés.
- No, no soy zurdo. Aprendí así y... A veces lo he hecho al revés pero me resulta más difícil.
- Esta es muy plana, ¿para qué las utilizaban?
- Para escurrir las redes. Le faltan las asas. Tiene que llevar cuatro.
- Y paners, ¿no hace paners?
- Pues no se hacerlos. ¡Y eso que tengo los rajadores de caña!
- Si quiere nos juntamos un día y yo le enseño.
- Por aquí ya sólo queda uno muy viejo que los hace y...
No muestra interés. Supongo que habrá pensado que cómo un foraster peninsular y además de ciudad le va a enseñar a hacer algo así. Yo también me lo pregunto.
En éstas se ha ido pasando la tarde y tras la despedida te vas a pasear por el puerto. En un rincón, el más cutre, flotan amarrados los cuatro barcos de pesca que aún quedan faenando. Olor a mar reseca y herrumbre; la luz amarillenta y plana de una bombilla barata ilumina el rostro del pescador negro que cena en la cabina del Alegría. En el resto de muelles: yates, yatitos y yatazos, el personal deambulante los observa y sueña.
Gente impoluta y tostada se repanchinga alrededor de una mesa de madera noble y velas en la cubierta del Sea Splendor. El servicio, encopetado, sirve las copas. En el Hysteria, la inmensa pantalla del televisor reúne alrededor de los colorines que proyecta toda una colección de blusas blancas moda Ibiza y pulloveres Lacoste en tonos pastel. Detenido sin mucha discreción frente a ellos una imagen de la infancia te asalta: aquellas mañanas de domingo en que papá te llevaba al zoológico del Retiro madrileño a ver las fieras.
Suena el silbato. El último tranvía que regresa al pueblo se pone en marcha. Echas a correr. Un brinco. Lo has pillado por los pelos. Se hunde el ferrocarrilito en una noche de azahares.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Feliciano. Reviviendo aneas y bayones.

Que estará Feliciano segando la anea -un pensamiento te asalta fugaz y montas en su estela-. Voy a llamarle y, si es así, allá que me las piro a visitarle y grabar la faena. Dicho y hecho: aquel fogonazo tenía bravío suficiente como para empujarte hasta el teléfono y abandonar el "dolce far miente" en que te regalabas.
Tal vez revivir sea la única manera de vivir: lo que pasa, sólo una vez pasado, pasa para uno de verdad. Llegado a casa de Feliciano, el aroma de sus espadañas humedecidas inunda el taller del cielo azul, las madrugadas frescas y el particular sabor de aquellas tierras que, entonces, durante nuestro primer encuentro de hace tantos años, pasaron sin que lo hubiera notado. Aquellas madrugadas frescas, aquel cielo azul..., no los de ahora.
Atento, como siempre, el maestro ha preparado todo para que aproveche mi estancia. Una silla sin culo y otra igual pero con él echado: podré así grabar principio y fin sin necesidad de hacer todo el proceso.
Sus manos no retuercen la espadaña, la envuelven y ese detalle, junto con otros, es la marca de su maestría. Uno a uno, vuelve a recordarme los secretos de un buen hacer que ahora, además de guardar en mi memoria, grabo en la cámara de vídeo por si la primera flaquease.
- Mañana madrugamos y nos vamos a cortar anea, ¡hace veinte años que no lo hago!
- Yo pensaba que lo hacías todos los veranos.
- Ya trabajo muy poco y con la que tengo recogida me llega. A mi lo que más me gusta, ya lo sabes, es trabajar la madera.
Unas estanterías repletas de cuencos, peines, carracas, cucharas..., casi siempre trabajadas en negrillo y sin emplear más herramientas que las que carecen de motor, son testimonio de su arte. Allá en el recibidor, la cocina o las habitaciones: sillas, cabeceras de cama, relojes y muchas otras piezas dicen del incontable tiempo que Feliciano ha dedicado a tallar la madera de que están hechas.



Salimos temprano. La excelente espadaña que habíamos localizado la tarde anterior luce fresca; la hoz brilla al sol y, certera, tajo a tajo va seleccionando la mejor.
- Recuerdo a mi padre hundido en el agua del canal hasta el pecho para segar la anea. Salía lleno de sanguijuelas. Después, venga a andar kilómetros y muchas veces, cuando llegábamos a un pueblo, ya había pasado otro silletero y no quedaba trabajo para nosotros.


- Buenos días. ¿Se puede saber qué hacen?
- Pues aquí, segando espadañas. Pero usted ya es viejo, recordará para qué se hacía esto.
- Bueno, antes la utilizaban los que hacían sillas. Recuerdo cuando era niño que venían por aquí, por el pueblo...
- ¿Por Babilafuente?
- Sí, por aquí.
- Pues eramos mi padre y yo. Entre otros, claro. Se acuerda de...
Uno a otro comienzan a lanzarse nombres, apodos y títulos familiares hasta que logran encajar sus familias en el mapa y enlazar los parentescos con el de una buena parte del gentío de la zona.


El calor comienza a ser insoportable así que decidimos dejarlo. Feliciano coloca muy bien la anea: los tallos parejos y agrupados en haces no demasiado pesados. Las hojas exteriores y malas, desechadas. Acabado, metemos la anea en la furgo y nos la llevamos al pueblo para extenderla al sol.
-Yo la dejo quince días así; después le doy la vuelta y la dejo otros quince. Bien seca y almacenada a cubierto te durará muchos años.
Es hora de marchar, pero así, husmeando entre sus libros, me topo con una sorpresa: la revista de Oficio y Arte en que, hace ya 19 años, escribí sobre mi primer encuentro con Feliciano. Lo relees y aquél que lo escribía revive entre sus páginas mientras que el de ahora... ¿Dónde el de ahora? ¿Qué tiempo ése, ahora, que según digo 'ahora' ya ha dejado de ser ahora? Un tiempo sin lugar es un tiempo donde uno no puede vivir y tal vez, el único verdadero.
Ya de regreso a casa, y con el gusanillo de las siegas que te ha metido en el cuerpo la visita al maestro, te picas y dispones tu también a ello. En esas andas cuando, mira por dónde, un buen amigo pasa a saludarte con un regalo: unos cuantos juncos de bayón recién cortados.
- ¿Pero de dónde has sacao eso?
- Pues de una lagunilla que hay escondida a no muchos kilómetros de aquí. Sabes ese puente...
- Oye, menudo hallazgo, esto es una suerte. Yo comprando bayón en Portugal porque no conozco quien lo tenga en España y resulta que crece a ná de casa!
Tan contento: coche, hoz, y a segar que te vas. Buenos tiempos que, quizás algún día, alguien revivirá.

martes, 25 de julio de 2017

Jarras y jarrones. De viajes y objetivos (2).

Ando estos días montando el vídeo que, hace once años ya, grabé al Sr. Antonio Lemos sobre la fabricación de xerras (jarras) para el vino de la zona de Chantada (Lugo). Fue acabar aquellas grabaciones y pocos meses después, inesperadamente, el Sr. Antonio falleció.
Comerse a los muertos*, recomendaba mi maestro Agustín García Calvo, y aunque sin certeza ninguna de haberlo digerido bien, algo del Sr. Antonio parece que rebullera en las manos de uno al rozarse con las imágenes recogidas en aquellos días y ponerse, de nuevo, a realizar una de aquellas jarras que me aprendía. Los recuerdos reviven y, como si de fichas de dominó se tratase, uno empuja a otro y ese a otro y así largamente, apareciendo entre ellos tanto alegrías como tristezas e incluso algún jarrón de agua fría. Y es en esto último en lo que ahora me voy a detener un poco para enlazarlo con algunos comentarios que, respecto a la anterior entrada que realicé en este blog, me han venido llegando. Se han repetido bastante los que aluden a la suerte que tuve, según dicen, de haber caído en un 'oficio' que me ha permitido sobrevivir sin tener que proponerme grandes futuritos (también llamados, objetivos) y en que los archiconocidos empujones, codazos, envidias, competencias, trepes y demás joyas no están apenas presentes. Puede que, en parte, estos comentarios tengan razón: cuando algo, una actividad, desciende al rango de anacrónica, 'sin futuro', poco rentable, etc., la gente (poca o poquísima) que se interesa o/y la desarrolla suele hacerlo movida por razones poco 'triunfalistas' y que facilitan la curiosidad, el apoyo, la amistad, etc. Pero, no todo el monte es orégano, claro, tampoco en el campo de la cestería. Y es a colación de esto que viene lo de mencionar cierto bofetón que, entre otros recuerdos, ha surgido a la lumbre de aquellos agradables días con Antonio. Tortazo que inauguró, de alguna manera, un tipo de sucesos inesperados diferentes a los comentados en la anterior entrada y que, en los últimos años de este viaje cestero, se han ido presentando con cierta frecuencia.  Tal vez sea que, la reciente aparición de un escenario en que la cestería se presenta como cosa con un poquito de 'futuro', como algo que, en alguna de sus facetas, merece contemplarse como un objetivo relativamente interesante para quien quiere hacer 'carrera' traiga consigo cosas como la que a continuación relato.
Por aquel entonces me dedicaba a dar clases en la escuela de cestería del CENTRAD (Lugo) y, entre otras personas interesadas en aprender apareció una estudiante de enología. Comenzó a frecuentar mucho los cursos y con el tiempo llegamos a tener una buena amistad. Fruto de ella, un día me comentó que se encontraba en un momento complicado de su vida, tanto en lo personal como en lo profesional, y encontrar algo en lo que centrarse y que además le sirviera para realizar su proyecto fin de carrera (o algo así) era de vital importancia para ella. Como en esos momentos andaba yo en contacto con el Sr. Antonio (el último de los artesanos que se había dedicado a fabricar xerras durante muchos años de su vida) con la intención de grabarle el proceso de fabricación jarrero y recoger toda la información posible, le hablé a ella del interés que podía tener el estudio y documentación de algo tan tradicional como aquello y le propuse, caso de que el tema le resultara interesante para sus necesidades 'vitales', hacer esa investigación juntos. La cosa le pareció estupenda y comenzamos a dar pasos. Lo primero era concretar una cita con el Sr. Antonio: ella se encargaría de eso y me informaría. Días, semanas después de aquella conversación no había vuelto a tener ninguna noticia suya. Conseguí que un día me cogiera el teléfono y lo único que recibí fueron balbuceos y ambigüedades en relación a la cita y sus intenciones. La cuestión quedó en el aire.
Así las cosas, meses después y sin novedad alguna por su parte, me puse en contacto con el Sr. Antonio directamente. Le comenté que quería concretar un encuentro con él para las grabaciones y aproveché para preguntarle si había sabido algo de aquella estudianta. Sí, sí, ya te contaré cuando nos veamos, me dijo. Y nos vimos: Estuvo por aquí un par de veces, con su novio. Querían grabarme y que les explicase todo lo de las xerras. Así, como con prisa. Yo les pregunté que si te conocían, que tu también estabas interesado en estas cosas y que podía enseñaros a todos a la vez. Me dijo que si te conocía pero que no te dijese nada, ni que estaban conmigo, ni que querían grabar y todo eso. Como no me gustaron, les di largas y después de algunas llamadas para que nos viésemos les dije que no, que más adelante. No he vuelto a saber nada más de ellos. Yo tampoco volví a saber nada de ella, nunca más.
Ya había habido alguna que otra bofetada anteriormente, claro, pero esta me resultó especialmente reveladora respecto a algo que después me he ido encontrando: la ocultación, el hacer las cosas por la espalda con no sé qué inconfesables objetivos. Hasta entonces, el secretismo en esta actividad era algo que sólo había escuchado a los viejos cesteros profesionales: que los otros no supieran lo que uno hacía ni cómo lo hacía. Desaparecido prácticamente entre los pocos despistados que nos habíamos acercado a la cestería en los años de olvido y para los que, compartir descubrimientos e informaciones era una alegría, el oscurantismo volvía a aparecer al olor del 'nicho de mercado'. Una vez inaugurada una carretera, ya pocos dudan que es la adecuada para viajar y por tanto, últimamente, se ha hecho frecuente cruzarse con gente que transita por ella.
Claro, juzgar comportamientos (o cualquier otra cosa) es harto falso así que vaya lo relatado tan sólo como una observación más en el camino y una nota de realismo cestero. Diríase que a cada cual le cae un papelón en este mal teatro de la vida y sin más se ve representándolo. A uno le toca interpretar 'el del que aprovecha una tumba del mercado' y se cree muy original haciéndolo, sin percatarse de que únicamente está repitiendo lo que está escrito en el papel y otros ya representaron antes. Igual le pasa al que se le adjudica el de observador, el de escapista o cualquier otro. Siempre, masculla uno, cabe la posibilidad de caer en la cuenta y renunciar al papel, o no creérselo demasiado e intentar reventarlo a base de representarlo muy mal, o muy bien, que viene a ser lo mismo. Si, como queda dicho, comerse a ciertos muertos pudiera servir para criar en nosotros algún veneno de verdad, cabe pensar que, devorar a otros, tal vez sirva para alimentar el rechazo a su mentira.

*Lo que se me ocurría deciros era simplemente que lo que hay que hacer es comérselos (a los muertos); comérnoslos, y dejar que tal vez, si con algo de suerte los digerimos bien, podamos criar en nosotros algo del veneno que ellos tenían, y que les hacía tal vez intentar decir la verdad de las mentiras de su tiempo, a fin de que nosotros podamos tal vez decir algo de la verdad de las mentiras del nuestro, de nuestro tiempo.  Comérnoslos, os decía, y parece que os proponía una especie de táctica caníbal para el tratamiento de los muertos, no encontraba manera más fuerte de oponerme a la práctica dominante para el trato con los muertos.
(Agustín García Calvo. Intervención en una de las últimas tertulias del Ateneo madrileño a las que acudió.)

miércoles, 12 de julio de 2017

De viajes y objetivos

Hay quien hace cosas buscando objetivos y quien las hace escapando de ellos. Lo primero no hace falta explicar en qué consiste y qué buena prensa tiene pues nos lo están machacando constantemente por todas partes. Cuando sientes que cualquier finalidad es una encerrona te ves empujado a lo segundo, especialmente si se trata de cosas gordas. 
Y así comenzó para éste la cosa de la cestería. Rondas los 20 tacos y el tinglado en que vivimos te dice que es hora de ponerse con cosas de adultos. Asocias e inmediatamente ves la película de lo que te espera: currar (o buscar curro, otra forma de trabajo) para pagar la hipoteca del piso, el coche, el ocio del finde o lo que se tercie; emparejarte, cambiar el papel de hijo por el de padre y criar churrumbeles para el cielo, o para el sistema, que viene a ser lo mismo, etc. Y así los suficientes años por delante como para parecerte pena de prisión mayor. ¿Era eso la vida?, se pregunta el mozalbete. No pué ser. Entonces, algo como un bichejo salvaje que llevamos dentro se aterra y grita: "escapa!"
Atrás Madrid, con ventipocos te ves perdido en una aldea remota de Galicia pasando más o menos desapercibido y auxiliándote con la lectura de algunos místicos para no desesperar demasiado. Pasados unos añitos la triste realidad vuelve a atacar. Se repite el fin, tener objetivos, aunque con nueva estratagema: "no haces nada de provecho" es la frase que resume la batería de misiles recibida repetidamente. Se te vuelve a revolver el bicho y, a diferente estrategia, intenta diferente escape: disimular que haces algo 'reconocible'. ¿Qué? Cualquier cosa que se presente que no te ate demasiado. Y apareció la cestería. Ser cestero era algo que, aunque no mucho, de momento servía para aplacar la sed del mundo por procurar 'tu bien'.
Claro, escapar de una cosa te puede liberar de ella...pero te mete en otra, quizás con la única diferencia de que ésta no aparece como finalidad sino únicamente como mera huída de la primera. Y al no esperar mucho más de ella pues te puede sorprender. En este caso, el de uno, con casi 30 años de dedicación o, más bien tendría que decir, de aventura. 
Bueno, pues resulta que esa aventura no buscada, en los últimos años, y especialmente en los últimos meses, le ha llevado a uno a viajar bastante dando cursos tanto por España como por diferentes países, cruzándose en ello con muchas y muy diversas gentes. Y tanto una cosa como la otra le han dado qué pensar. En lo relativo a las personas, con el roce caes en la cuenta de que hay, sobre todo entre los de menos edad, muchos tan despistaos como el que escribe. Tal vez, eso sí, haya algo distinto, y es que encuentras que suele ser un despiste acuciado por...tener que abandonarlo y creer en algo, hacer 'algo de provecho', es decir, dedicarse a cualquier cosa ya sabida (y, por tanto, muerta). Por si sirviera a alguien (y por supuesto, sin animo de dar consejitos ni proponerse de modelo a nadie, qué horror!), ahí ha ido este relatillo vital que parece que quisiera decir: no sé lo que es la vida, nadie lo sabe, pero me alegro de seguir sin saberlo y continuar intentando escapar de la creencia en que sí. No haya miedo, no está escrito dónde te puede llevar decir no a lo mandado. Confianza en lo desconocido. 
Por lo que respecta a la propia cestería, te sorprende ver porqué andurriales te va dirigiendo. En los comienzos, aprender técnicas y demás le condujo a uno por aldeas y pueblos perdidos de la Península. Allí vivían los abuelos de quienes ir recogiendo saberes. Mundos retirados del mundo. Ahora, después, te encuentras con que compartir esos conocimientos no te acerca, generalmente, a grandes ciudades y/o lugares donde reina más imperiosamente el mundo y sus culturas, sino también a pueblos y gentes un poco al margen de todo ello. Sientes que, pese a la parafernalia mediática empeñada en inculcar a todo Dios qué es lo chachi y por tanto a lo que hay que aspirar, por debajo y en los extrarradios pasan cosas. Aquellos deseos que no se saben de qué, pero sí de que no es de lo que les venden, continúan con su oscuro fluir.
Valga con esto de momento y ahora, como este es un blog más o menos cestero, un breve repaso a algunos de los cursos y proyectos en los que he participado en los últimos meses. Empezaremos en ABRIL.
Ozaeta (Alava). Construcción con mimbre vivo.
Un curso que impartimos conjuntamente Joan Farré y yo. Se trataba de construir una estructura grande que con el tiempo diese sombra y cobijo en verano. Nos juntamos un montón de gente y el resultado más o menos lo podéis ver en las fotos.


Zuiderzeemuseum (Enkhuizen. Holanda). Cesta en técnica de nudo. 
Participación en la reunión anual de la asociación cestera holandesa. El museo donde se realizó el curso es un gran espacio al aire libre en el que se han recreado y traído casas y talleres tradicionales del norte de Holanda a fin de realizar un pequeño pueblo donde el visitante pueda tener un lejano contacto con lo que fué la vida rural en aquellas tierras. Hicimos dos cursos, de un día cada uno, en los que fabricamos una pequeña bandeja con la técnica de nudo o nasa mediterránea. (Me encantó el alojamiento que me facilitaron: una casita como un camarote de barquito sobre el río!).


MAYO
Cabanillas del Campo (Guadalajara). Curso de construcción con mimbre con alumnos del instituto IESO Ana María Matute.
Alumnos y algunas profesoras participaron en este cursillo en el que levantamos unos espacios para sombra en la piscina municipal de Cabanillas. Agradecimiento especial a Berta Bugallo y Natalia Tapiador por su invitación y colaboración en este interesante taller.



Stige Ø. Odense (Dinamarca). Participación en el proyecto de esculturas al aire libre: Over Havet Under Himlen organizado por Jan Johansen y Jette Mellgren. 
De nuevo nos volvimos a juntar Joan y yo para realizar una escultura que llamamos "Flauta de viento". Consistía la cosa en construir una estructura con bambús a los que practicamos una serie de ranuras con la intención de que al soplar el viento sobre ellas produjeran sonidos. Aquí os dejo un par de fotos y un pequeño video que amablemente nos grabó Tim Johnson donde podéis apreciar un poco el sonido que produce. 





Bouxurulles (Francia). Participación en los 7os Reencontres Autor du Saule. 
Impartí dos cursos, uno sobre cestería de madera rajada y otro sobre cestería de esparto. Es el segundo año que me invitan a estos Encuentros que tan familiarmente organiza el pueblo de Bouxurulles. Una experiencia interesante a la que acuden sobre todo cesteros de Francia y países de alrededor.


Akademie Flechtsommer. Korbmacher Museum (Dalhausen. Alemania). Curso de cestería de madera rajada.
Segundo año de participación en la escuela de verano que organizan, entre otros, Hansgert y Ursula, tan buenos amigos como anfitriones. El curso, al igual que el que realicé anteriormente en Bouxurulles, tenía como finalidad realizar el proceso completo en esta especialidad cestera, desde el rajado de madera, pasando por su cepillado hasta la elaboración de los cestos. Organizar todo esto tuvo su complejidad pues, además de tener que enviar los palos y la madera de castaño desde España, hubo que inventar algunos útiles necesarios que no son habituales en la cestería de estos países. No hubo problemas y los cursos resultaron muy atractivos para los estudiantes y se desarrollaron bien.


JUNIO
Sesma (Navarra). Conferencia y curso de cestería de esparto dentro del programa LANDARTE.
Sesma fue, probablemente, el pueblo más septentrional de España donde, hasta hace unas décadas se trabajó el esparto y el albardín. Con la intención de recuperar la tradición, este año se celebraba este encuentro en el que impartí una conferencia sobre cestería popular y tuve la gran alegría de conocer y compartir jornadas con  los últimos esparteros del pueblo.

Isla Orcas (Washington. USA). Tres cursos: Cesta de pesca en mimbre. Paxe gallego. Bolso en mimbre y junco bayón. 
Primera oportunidad de enseñar por aquellas lejanas tierras algunos cestos y técnicas propias de la cestería popular española. Durante mi estancia no podía dejar de pensar entre otros, en Carmen Arnejo, la cestera de Entrecruces (La Coruña) que hace 20 años o más me aprendía a fabricar paxes. Quién le iba a decir a ella, y a mi, claro, que esas enseñanzas llegarían un día a esta remota isla de Estados Unidos y que habría gente allí y venida de otras zonas cercanas, entusiasmada por aprender a fabricar uno de estos cestos. Y hablando de entusiasmos, especialmente intenso el de María Bullock, la buena amiga que me invitó a acudir hasta allí y organizó tanto los cursos como mi estancia en su casa. Aprovechamos cualquier hueco o día que nos dejaban los talleres 'oficiales' para enseñarle distintas técnicas, tipos de cestos, preparación de materiales, etc. Un placer pasar conocimientos a alguien con tantas ganas como facilidad para aprender. Gracias, Maria, por tu generosidad y atenciones, ha sido un placer disfrutar de tu compañía y la de tu familia, Doug, Kajetan y Naya. 
Curso de cesta de pesca
Curso de cesta de pesca
Curso de paxe
Curso de bolso 
María acabando su cuevano cántabro
Y al acabar los cursos bañito en la laguna